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El hombre que se cree gato volvió a maullar en Tribunales y seguirá detenido en Mendoza

La defensa de Gil Pereg, el israelí acusado de asesinar a su madre y su tía, volvió a insistir en que es un enfermo mental. Se presentó ante los jueces haciendo sonidos como un felino.

Desaliñado, barbudo y maullando. Así ingresó una vez más a la sala de audiencias del Poder Judicial de Mendoza el israelí Gilad Gil Pereg (37), acusado de asesinar a su madre y su tía un año atrás, inventar una coartada y enterrarlas en el patio de su casa en Guaymallén​. Su defensa pretendía conseguir que el hombre “que se cree gato” fuera trasladado al pabellón psiquiátrico de Ezeiza, pero los pruebas forenses han sido determinantes sobre su capacidad de comprensión del delito por el que se lo juzga, Su destino es el enjuiciamiento por un tribunal popular conformado por vecinos, bajo la modalidad de juicio por jurados.

“Miau, miau, miau, miau”, lo único que repetía en su ingreso al palacio judicial. Esposado y con ocho policías de Infantería que lo custodiaban, el israelí que se sospecha era prestamista, lleva un año detenido, desde que fue detenido en enero de 2019. Está acusado del estrangular con un lazo hasta provocar la muerte de su madre Pyrhia Saroussy (63) y de asesinar de tres disparos a su tía Lily Pereg (53), en un aparente crimen premeditado por cuestiones de deudas económicas. Las mujeres habían viajado desde Israel y Australia para visitarlo y encontraron la muerte.

Este miércoles por la tarde, el acusado ingresó a la sala de audiencias vestido con la misma remera con el que fue detenido un año atrás, entonces blanca y ahora color café por la suciedad y el paso del tiempo, bermudas y sandalias. Participó por unos minutos de la audiencia en la que el juez Sebastián Sarmiento resolvió que siga detenido en el penal San Felipe, de la cárcel de Boulogne Sur Mer, en la ciudad de Mendoza.

Su abogado Maximiliano Legrand insistió en que Gil Pereg es un enfermo psiquiátrico, “inimputable”. Fundamentó su pedido de traslado al penal psiquiátrico de Ezeiza en la Ley de Salud Mental y en que el Estado debe proteger a una persona “discapacitada”.

El Jefe de Fiscales de Homicidios, Fernando Guzzo, arremetió en su contra. Dijo que los maullidos son una pésima actuación: “La situación parecía un capítulo de Tomy y Daly”, describió, en referencia a la clásica serie de dibujos animados que ven Los Simpsons​, un gato y un ratón que parodian a Tom y Jerry pero con una violencia mucho más explícita. Luego, el fiscal explicó que Gil Pereg está bien controlado en el penal porque debe ser “el detenido más caro de la historia penitenciaria provincial”, por los cuidados que demanda.

El acusado del doble asesinato familiar no se comportaba como un gato cuando daba entrevistas con los medios locales mostrándose preocupado por su desaparición de su madre y su tía o declaraba ante la fiscal Claudia Ríos. Atribuía la ausencia a un posible caso de inseguridad. La fiscal, quien encontró los cadáveres de las mujeres enterrados en el patio del acusado, argumentó que fue un crimen premeditado, debido a que Gil Pereg denunció días antes de las muertes, la desaparición de una pistola calibre 38 con la que después mató a su tía.

Durante la investigación, Ríos ofreció los resultados de las pruebas de ADN, donde hallaron sangre de las víctimas en una ropa del acusado. Y dio detalles de la pericia psiquiátrica, donde los peritos forenses describen al israelí como una persona “hostil, evasivo, desafiante, irónico y confrontativo. Que oculta y manipula información en forma ganancial, mientras la única vinculación afectiva es hacia sus mascotas”. Para los sicólogos no hay dudas de que está orientado en tiempo y espacio y “comprende la criminalidad de sus actos”.

En esta última resolución, el juez Sarmiento dijo que el detenido “tiene un trastorno de personalidad, pero no está acreditado que sea un delirante”. Ordenó que Gil Pereg continúe en el penal de Mendoza hasta el juicio oral. Aún no está definida la fecha del juicio por jurados, pero será durante este 2020.

Fuente: Clarín

 

 

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