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La ciencia descubrió a qué edad tenemos mayor autoestima

La autoestima o valoración que tenemos de nosotros mismos, es una faceta de la personalidad que afecta a gran parte de nuestra vida. Influye en el éxito y el bienestar, en las relaciones sociales, en la escuela y la educación, en el trabajo, y en la salud física y mental, entre otros aspectos. Ahora también se sabe cuál es el punto más alto en el que los seres humanos experimentamos esta faceta.

Un reciente estudio publicado en la revista Psychological Bulletin, que recoge los resultados de una investigación realizada por expertos de la Universidad de Barna (Alemania), ejemplifica cómo la autoestima sufre cambios a lo largo de la vida. Y según estos datos, a los sesenta alcanzamos el punto álgido de valoración sobre nosotros mismos, publica el diario La Vanguardia.

Los resultados mostraron que los niveles promedio de autoestima aumentan desde los 4 a los 11 años, se mantienen estables desde los 11 a los 15, aumentan fuertemente hasta los 30, continúan aumentando hasta los 60 –alcanzando su punto máximo a la edad de 60 y manteniéndose hasta los 70– y disminuyen ligeramente hasta los 90, cayendo más fuertemente a partir de esa edad.

María Súnico, psicóloga especialista en el tema afirma que estos resultados se explican debido a que a edades maduras nos conocemos más y mejor, tenemos más perspectiva a la hora de hacer juicios, y nos aceptamos en mayor medida.

La experta ofrece unos breves consejos para cuidar la autoestima. “Lo principal es, por una parte, controlar cómo nos hablamos, qué nos decimos (solemos hablarnos peor de lo que hablaríamos a cualquier persona), cuánto nos juzgamos; y por otra, tratarnos bien: consolarnos cuando nos encontramos mal, mimarnos, tenernos paciencia, y ser tan respetuosos con nosotros mismos como lo seríamos con un ser querido”.

Según el doctor en psicología Christopher Mruk para conseguir una autoestima sana es necesario tener en cuenta los siguientes cinco puntos:

– Conocernos a nosotros mismos, con nuestras virtudes y defectos, limitando los “puntos ciegos” (características personales de las que no somos conscientes).

– Aceptarnos al 100%, independientemente del grado de aceptación o rechazo exterior y de los logros o limitaciones propios. Mantener una actitud de respeto y no agresión hacia uno mismo nos mantiene equilibrados y con una consideración positiva.

– Interactuar con los demás de manera satisfactoria.

– Tener una visión del yo como potencial, aprendiendo a dirigir y orientar los cambios que vendrán con el objetivo de desarrollar nuestras mejores potencialidades.

– Buscar de manera continuada nuestro bienestar y felicidad, atendiendo y cuidando nuestras necesidades físicas y psicológicas y desarrollándonos sin caer en la rutina, pero también siendo capaces de postergar ciertos éxitos a corto plazo por otros más importantes a lo largo del tiempo.

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