Abril tiene ocho años. La encontraron tirada en un basural. Le rompieron la cabeza a golpes. Por la brutal paliza también le fracturaron el tórax. Además, fue estrangulada. Apenas respiraba y por estas horas está internada muy grave en terapia intensiva y con pronóstico reservado. La niña recibió la descomunal paliza en un ajuste de cuentas. Para la Justicia fue un mensaje mafioso relacionado a la venta de drogas. Quien llevó adelante semejante barbaridad no merece vivir en nuestra sociedad. Debe ser erradicado. No tiene porqué respirar el mismo aire que nuestros hijos. No alcanza que pase el resto de su vida en la cárcel consumiendo recursos que aportamos el resto de los ciudadanos. Merece ser condenado a muerte.

El pequeño y frágil cuerpito de Abril yacía casi sin vida en un basural en Resistencia, capital de la vecina provincia de Chaco. La hallaron unos niños que el domingo a la mañana casualmente pasaban por allí. Rápidamente la Policía determinó que se trataba de la niña que había desaparecido unas 24 horas antes.

La chiquita había salido de su casa a comprar pan cuando un hombre la raptó en una motocicleta. Desde entonces, todo fue temor por el paradero incierto de la inocente criatura.

La justicia chaqueña mantiene detenidos a los padres de la niña. Es que para el fiscal Jorge Cáceres, quien lleva adelante la investigación, ocultan información valiosa para determinar quién fue la salvaje inmunda bestia que perpetró semejante acto sanguinario.

Pero ¿por qué no cuentan la verdad? ¿Por qué guardan para sí datos que permitirían dar con el malnacido? Cáceres está convencido que lo encubren por temor: es que tienen otros diez hijos y no querrían que corran la misma suerte.

Un dato tremendo: la pequeña tenía escrito en su mano un nombre. Se trata de un claro mensaje enviado a los padres. 

El fiscal no tiene dudas: es un ajuste de cuentas. Y más aún: está relacionada a la venta de estupefacientes.

“Viven en una zona muy complicada, conflictiva, plagada de dealers (vendedores de droga). En las últimas semanas hubo varios enfrentamiento a balazos entre bandas narcos”, comentó Cáceres a Equipo de Noticias (LT7 Radio Corrientes AM 900).

“En ningún momento hizo presuponer que se trataba de un secuestro extorsivo. No se pidió dinero, son gente de bajos recursos económicos. Se la llevaron y la torturaron. Se trata de un ajuste de cuentas”, consideró el fiscal.

“No contamos con antecedentes de un caso similar”, agregó el hombre de la Justicia. Es que hay que ser demasiado desgraciado para imprimir semejante violencia a una niña tan pequeña, tan indefensa, para enviar un mensaje.

La droga es una desdicha, una calamidad. Aquellos que la comercializan son delincuentes que lucran con las vidas de sus compradores y con las posibles víctimas inocentes de sus actos. Todavía no existen adjetivos suficientes para calificar a quienes concretaron este maldita barbarie. Lo único cierto es que no deberían caminar entre nosotros.

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