Es una de las orientaciones sexuales más cuestionadas. Desde viñetas que intentan describirla, hasta la patologización médica y el orgullo de quienes pueden aceptarse más allá de todo prejuicio.

Según el diccionario de Amor Libre Argentina, la asexualidad se define como: “La falta de atracción sexual, o el bajo o nulo interés en la actividad sexual. Asimismo, puede considerarse una falta de orientación sexual; o bien una de ellas, junto con la heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, la pansexualidad, etc.”

El debate fue por mucho tiempo si se consideraba una patología o no. En el presente es fuerte la tendencia de incluirla en el espectro de orientaciones sexuales. A alguien no le interesa tener relaciones, ¿debe acudir a un profesional? “Si en este último tiempo la asexualidad dice presente, este fenómeno ayuda a entender la falta de atracción sexual en adultos pasados los cuarenta, diagnosticados muchos de ellos con ‘trastorno del deseo sexual hipoactivo o padeciendo fobias sexuales’, afirma el sexólogo Walter Ghedín.

Desterrando mitos, la asexualidad no tiene que ver con “falta de amor” o con “arromanticismo”. Las personas asexuales pueden tener vínculos, pero el enganche puede darse por afinidad intelectual, afectiva, por sensibilidad y elección personal. Dice Marcelo (30): “Es complicado porque se insiste con mucha frecuencia en preguntar, pero la mayoría de las personas asexuales no queremos tener sexo; lisa y llanamente, alguien que quiera estar con nosotros tiene que respetar eso”.

En los últimos años, para numerosos jóvenes se ha vuelto una cuestión de militancia. En las marchas LGTBIQ en muchos países, los asexuales forman una columna embanderada en violeta, blanco, gris y negro. Tienen sus propios foros y salas de chat. Pero para las generaciones anteriores no ha sido tan fácil. Monjes, ascetas, sublimadores, artistas, ermitaños, han sido algunas de las etiquetas que los han cobijado. ¿Sería Franz Kafka asexual, envuelto en pasiones de letras de molde y dramas familares, quien nunca llegaba al encuentro íntimo, valiéndose de excusas infinitas? Él escribió en sus diarios: “El coito como castigo por la felicidad de estar juntos. Vivir en lo posible de manera más ascética que un soltero, esa es la única posibilidad para mí de soportar el matrimonio. ¿Pero ella?” ¿Entraría dentro de la lista el famoso científico -inventor de la corriente alterna- Nicola Tesla, a quien no se le ha conocido novia ni esposa, y que decía tener una gran aversión por el contacto humano?

Ghedin relata un caso: “Ana trabaja desde hace años con el mismo grupo de personas. La mayoría de ellas está en pareja o han tenido hijos, todos la conocen por ser excelente compañera pero poco saben de su vida amorosa o sexual. “Respetan su intimidad”, y ella deja que los demás crean que tiene amoríos pasajeros pero nada más que eso, sin embargo ella aún es virgen y nunca ha sentido ganas de estar sexualmente con un hombre, es más, tiene esperanza de enamorarse de alguien que la comprenda y le dé el tiempo que necesita para dar el paso hacia el erotismo.”

“Muchos adultos asexuales todavía ignoran que la asexualidad es una forma de orientación sexual. Durante la adolescencia han tenido que afrontar sus propios cuestionamientos y los ajenos por ‘no ser como los demás’, comenta Ghedin. “Algunos sufrieron bullying por ser retraídos o por no seguir al grupo en las salidas y en los ‘enganches’ amorosos y sexuales; en realidad no sienten ganas de hacerlo ni han desarrollado habilidades de cortejo ni eróticas. Siendo adultos, la presión social a tener pareja, o por lo menos contactos eróticos, es muy fuerte, son los ‘solterones’ o ‘solteronas’, tímidos, ‘de sexualidad dudosa’ o ‘nenes de mamá’ que viven bajo el amparo familiar o del barrio que los contiene”.

fuente:Clarin

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