Un empleado de la administración pública de Salta, de alrededor de 40 años, se presentó ante un equipo fiscal para pedir ayuda ya que su exesposa lo maltrata, le grita y le “arma escándalos” a causa de que no puede consumar con ella el acto sexual, “pero con la otra si”.

El requerimento desbordó la capacidad de asombro en el área de violencia de género de la Fiscalía, hasta ayer acostumbrada a recibir sólo denuncias de mujeres golpeadas.

Quien receptó el inusual caso fue la fiscal Cecilia Gómez Castañeda y el protagonista es un hombre separado de su esposa hace pocos meses, pero que mantenía intermitentes encuentros con su ex.

“Vengo para que ustedes me solucionen el problema”, habría sido su nada tímida presentación. Mientras contaba su situación, fiscal e instructora no podían salir del asombro.

El “problema”

El hombre dejó en claro que padecería de una disfunción eréctil. El diccionario define: “La disfunción eréctil, también conocida como impotencia sexual masculina, es la incapacidad persistente para conseguir o mantener una erección que permita una relación sexual satisfactoria”.

Clarificado el motivo, profundizó que, ante este problema suyo, su ex pareja se puso enérgica y de ninguna manera aceptó el hecho.

Recordó que días atrás se le presentó en la casa. Pateó la puerta e irrumpió a los gritos, convencida de que el denunciante estaba con otra mujer.

“Vos me mientes”

El hombre relató que la su exesposa lo culpa de que con ella no puede mantener relaciones sexuales, pero que sí puede con otra. “Sos un hdp”, dijo que le grita constantemente.

A pesar de ello, el empleado no quiso formular denuncia alguna, pero insistió en que lo escucharan y le brindaran “alguna solución”.

Algunos habrían sugerido que tal vez el estres le juega una mala pasada y que con calma todo retornaría a ser normal.

Otra línea conjeturó que por algo es ex y que por mucho que ella presione, difícilmente logre una salida satisfactoria.

Por otra vía

Una tercera opinión aconsejó al hombre asistir a profesionales idóneos.

Pese a que el señor habría comprendido al dedillo que la terapia sexual puede convertirse en la salida ideal, aclaró que difícilmente ella fuera a tomarlo con la misma calma. Es más, antes de despedirse subrayó que cada día se acentúan los golpes en su casa, claro indicio de que las palabras no alcanzan.

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