Un científico mexicano quiso estudiar el comportamiento violento de las personas y creó un contexto particular para este experimento: una balsa en medio del mar.

Santiago Genovés sorprendió al mundo al incorporar 11 personas en un pequeño barco, que se convirtieron en objetos de estudio de su extraño experimento sobre las conductas violentas y sexuales de los humanos.

El hecho ocurrió hace 46 años y tuvo origen luego de que fuera secuestrado arriba de un avión cuando volaba hacia la Ciudad de México. Un grupo tomó el control de la aeronave para pedir la libertad de unos compañeros y él estaba allí.

Uno de los almuerzos del grupo en medio del océano.

“Era demasiado bueno para ser cierto. Imagínense la ironía. Yo, un científico que había pasado toda mi carrera estudiando el comportamiento violento, acaba en medio del secuestro de un avión”, expresó en diálogo con el medio británico BBC.

Tras lo ocurrido y en compañía del etnólogo noruego Thor Heyerdahl, crearon un plan para estudiar el comportamiento de los humanos utilizando el mar como el medio aislante.

Para esto, idearon estrategias para generar conflictos entre los participantes y herramientas para examinar los resultados. En este pequeño barco, el inodoro y la ducha estaba al aire libre y podía ser visto por los tripulantes.

La búsqueda de los participantes de este experimento se hizo con la publicación de un anuncio en varios diarios internacionales y sin especificar sexo. Sin embargo solo fueron elegidos cuatro hombres y seis mujeres, casi todos con hijos, diferentes nacionalidades, religiones y contextos sociales.

Ante la falta de comunicación fluida, los medios de comunicación crearon historias basadas en los escasos minutos de contacto radial con el barco. “Las orgías en la balsa del amor”, fue uno de los titulares que utilizaron para describir las historias que supuestamente sucedían en alta mar. Incluso expresaron que el capitán usaba una bikini, y esto sirvió de puntapié para empezar a mencionar al proyecto de Genovés como “La balsa del sexo”.

Sin embargo, no todo era como se lo imaginaban. Más allá de que algunos tuvieron sexo con sus compañeros, esto no generó ningún tipo de tensión ni hostilidad entre los presentes que sirviera al experimento como el científico mexicano esperaba.

Fuente: BBC Mundo

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