La nueva senadora Elsa Patricia Rindel (PJ-K) tendrá que extremar los cuidados, el rol que ocupa ahora le da una exposición que no tenía antes y la somete a imprevistos que, en ocasiones, pueden volverse riesgosos tal como le sucedió el mismo día en que juró para ocupar la banca que quedó vacante en la Cámara alta de la Legislatura provincial tras el fallecimiento del saladeño Roberto Daniel Alterarts. Y los riesgos no son solo políticos.
El martes pasado, en un clima de contenida euforia militante, Rindel prestó juramento sobre la Constitución, recibió el título de senadora y luego de posar para la foto sentada en una de las bancas (el orden del día de la sesión ya se había agotado) atendió a todo el colectivo de género, del cual es parte, entre besos, abrazos y efusivos saludos de victoria. Uno de esos gestos de congratulaciones llegó con una carga viral de covid-19; potencia viral que todavía está por verse.
La danza del coronavirus en medio de la alegría de los pañuelos verdes se dio por la presencia de la diputada provincial (PJ-K) María Alicia Meixner, que a esa hora ya era portadora positiva del virus y por lo tanto agente transmisor de la enfermedad. Consecuencia: la flamante senadora Rindel decidió aislarse preventivamente. Es lo que corresponde.
Un encierro definido “un poco para bajar la agitación y otro tanto por prudencia sanitaria”, comentaron en el entorno de la abogada, que hasta último aviso trabajaba en la oficina en Corrientes del senador nacional Carlos Mauricio “Camau” Espínola, quien no estuvo en la Legislatura. Se desconoce si fue invitado o no. La que sí vino especialmente para la asunción de Rindel fue Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa, quien es presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y socio del gobierno del Frente de Todos.
Rindel y Galmarini han establecido buena conexión en la tarea de empoderar al género. La esposa de Massa es titular del ente regulador del agua en la provincia de Buenos Aires, y con su madre Marcela Durrieu dieron forma a una fundación que ha batallado fuerte por la Ley de Paridad en la política, así se conocieron con la abogada correntina.
En el entrevero de la Legislatura, Malena también recibió el caluroso abrazo militante de Meixner, como de otras integrantes del colectivo local. ¿Se habrá aislado? La funcionaria del Gobierno nacional kirchnerista vino a traer su respaldo y celebrar el empoderamiento y se volvió impregnada con una duda. Hasta donde se sabe no hay noticias de que se haya pescado la enfermedad.
En el PJ todos guardan respetuoso silencio y no opinan sobre la conducta de Meixner -funciona el espíritu corporativo-, pero por lo bajo hay comentarios filosos. La diputada provincial declaró por las redes sociales haberse enterado, ese día, en horas de la tarde del resultado positivo y, dijo, que se encontraba asintomática. La sesión fue al mediodía.
Hay razonables sospechas de que la actitud de María Alicia Meixner fue, cuanto menos, imprudente. Si tenía un testeo en curso y estaba esperando el resultado, lo más recomendable era quedarse en casa. Sin embargo, la legisladora se paseó por la Legislatura, con barbijo puesto -es verdad-, pero en condiciones óptimas de contagiar. Dice que a esa hora no lo sabía, pero alguna señal de advertencia tendría que haber computado como para medir sus pasos.
Salvando las distancias y el género (para que nadie se sienta ofendido), lo de Meixner es como lo de Jorge Terrile, el secretario de Deportes de la Provincia, que también actuó con una marcada irresponsabilidad abriendo una línea de contagios, cuyas ramificaciones finalmente quedaron en el anonimato. Ojalá, esta vez no suceda lo mismo.
No obstante estos ejemplos reafirman el concepto de que librar una batalla epidemiológica -contra un enemigo mortal, como el coronavirus- es imposible si la única barrera es la conciencia sanitaria de la gente. El bendito libre albedrío. Salta a la vista, si los funcionarios, que se suponen están formados y conocen desde adentro la gravedad de la situación, no evidencian en su comportamiento una pizca de contracción por el bien común, qué se puede esperar del ciudadano de a pie.
Al menos, alguna enseñanza deja este episodio y es que las mujeres pueden ser (también) absurdamente irresponsables como los varones que hoy controlan el poder político. Hay allí otra razón más para establecer definitivamente la paridad.
Ahora bien, si el empoderamiento viene con estos tropiezos será mejor que el colectivo revise sus protocolos de cholulaje. (L.A.S)s
fuente:norteCtes
