Marcos Mundstock, figura clave del grupo humorístico y musical Les Luthiers, murió este miércoles a los 77 años, luego de una larga enfermedad, informó el grupo a través de un comunicado.

“Después de más de un año de lidiar con un problema de salud que se tornó irreversible, Marcos, nuestro compañero y amigo, finalmente partió. De ahora en más, cada uno de nosotros deberá empezar a transitar el doloroso camino de aprender a convivir con su ausencia”, dice el texto entregado a la prensa.

Y añade: “Pensar hoy en partidas o ausencias nos resulta demasiado triste. Hoy preferimos evocar todo lo que Marcos nos brindó y conservaremos con nosotros para siempre”.
Finalmente, destaca: “Nos quedará el recuerdo de su voz, única e inconfundible. Y de su presencia sobre el escenario, con su carpeta roja y frente al micrófono, que cautivaba al público antes de decir una sola palabra”.
Nacido el 25 de mayo de 1942, en Santa Fe, en el seno de una familia de inmigrantes judío-polacos, los problemas de salud habían obligado a Mundstock a abandonar la actividad artística en marzo de 2019.
Fue creación de él, junto con Gerardo Masana, el fundador del grupo, la figura de Johann Sebastian Mastropiero, el músico ficticio cuya vida y obra fue el centro de muchos de los más recordados espectáculos de Les Luthiers.

El fallecimiento del actor, guionista y exlocutor es el tercero que sufren Les Luthiers, tras los de Gerardo Masana en 1973, a los 36 años, y Daniel Rabinovich en 2015, cuando tenía 71.
Con la retirada voluntaria de Carlos Núñez Cortés a los 75 años de edad, en 2017, tras recibir con sus compañeros en Oviedo el premio Princesa de Asturias de Humanidades, en la actual formación de seis integrantes solo permanecen dos de los fundadores: Carlos López Puccio y Jorge Maronna.

Sin embargo, el grupo sigue activo porque se fue renovando con las incorporaciones de Tato Turano, Martín O’Connor, Roberto Antier y Tomás Mayer Wolf, quienes durante años habían viajado con Les Luthiers como reemplazantes en sus giras internacionales.

La enfermedad había retirado a Mundstock de la actividad artística en marzo de 2019. Empezó entonces a sufrir problemas de movilidad, pero aún pudo componer un texto brillante que grabó en video para participar así en el Congreso Internacional de la Lengua celebrado en Córdoba (Argentina) en abril de 2019.

En él hablaba sobre la manera en que nos referimos a las distintas mediciones del tiempo en nuestro idioma, que consideraba imperfectas. Por eso propuso una valoración más estricta de tales expresiones en el habla popular: “Propongo que un lo que canta un gallo equivalga a dos santiamenes y a cuatro periquetes. Y que un me pareció un siglo sea igual a la cuarta parte de una eternidad o a un 0,33% de ya no veo la hora”, dijo.

Y lo mismo habría de suceder con los valores que se asignan a las cosas de poca importancia: “Cuando alguien dice me importa un comino, ¿en qué está pensando?: ¿en más o en menos que me importa tres pepinos?, ¿o en medio pimiento?

En ese relato que se escuchó entre risas en el Congreso de la Lengua, Mundstock explicó que en su apócrifa serie de libros de autoayuda, algunos con más éxito que otros, había redactado uno para la colección Temas Eróticos. Y se titulaba así: Manual de autoayuda o autoayuda manual.

Algunos de esos juegos de lenguaje de Mundstock para Les Luthiers se basan en aparentes dobletes inventados con toda lógica y que a nadie se le habían ocurrido antes: el monólogo se produce cuando habla uno solo; pero si se trata de dos, en vez de “monólogo” deberíamos llamarlo “biólogo”.

Les Luthiers se formó en el coro universitario de Buenos Aires, en sus años de estudiantes. A fuerza de hacer bromas musicales para el resto de los compañeros, acabaron montando un espectáculo propio. Primero con la formación I Musicisti (1965-1966), y luego ya (desde 1967) bajo el formato de Les Luthiers que ha recorrido el último medio siglo.

Mundstock también ejerció como actor. La última película que rodó aún tiene vida comercial: la divertida El cuento de las comadrejas, dirigida por su compatriota Juan José Campanella y en cuyos diálogos saltan al oído algunas de las aportaciones del humorista, seguramente admitidas con agrado por los guionistas para enriquecer la obra.

Divertido y punzante, tranquilo y conciliador, entrañable y atento, solo levantaba la voz para cantar. Vivía en paz consigo mismo y con su gente, disfrutaba de su trabajo y honró siempre a la palabra amigo.

Estaba casado con Laura Glezer, cardióloga, con quien tuvo a su única hija, Lucía, ferviente madridista como él y que ha emprendido una carrera como actriz.

Con información de Télam y elpais.com

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