Javier Maximiliano Campos Pérez se desempeña como Médico de Terapia Intensiva de Adultos y auditor en AMBA y se describió como “víctima no solo de coronavirus sino de la corrupción de la salud que está pagando con su cuerpo y el de su familia”, en un descargo que publico en las redes sociales.
Desde que todo esto comenzó el 3 de marzo, con el primer contagio, que estamos viviendo y trabajando con niveles sobrehumanos de cansancio físico, mental y emocional, pero por sobre todas las cosas con mucho miedo, pero no el miedo que te paraliza sino el que te hace estar hasta en los últimos detalles, por que si tenías miedo por tu familia, mujer e hijos, no querías que les pase nada, y sufrías y no podías dormir por las noches, y sufrías en silencio viendo a tanta gente que no le importa nada ni siquiera ellos mismos.
Así fueron transcurriendo los meses, las discusiones y las peleas por la gran falta de insumos que todavía siguen en algunas instituciones sobre todo del estado, el salir todos los días con la incertidumbre, probando una cosa y sacándola para probar otra y así, prueba y error constante en el 2020 aunque no lo creamos.
La política haciéndose cargo de decisiones netamente médicas aunque dejando a ministro, médicos e Infectologos mal parados y en arenas movedizas constantes.
Lamentando día a día cómo iban cayendo colegas y amigos, cómo iban cambiando los paradigmas de esos hombres y mujeres expuestos diariamente y que a pesar de su entrega muchos no tenían respuesta de ningún tipo a su gran labor.
Si, soldados caídos que no recibieron nada por estar en la trinchera, y sintiendo tanta tristeza por qué mucha gente piensa que es una obligación nuestra que para eso juramos etc etc etc entiendo a esa gente… pobre gente nosotros juramos darlo todo para curar… no ir a una guerra sin armas o de la peor forma, eso es sacrificarnos… pero la gente insiste, y dice que es una profesión como cualquiera, que no tenemos por que tener ningún incentivo, ok que vengan ellos entonces a curar a la gente, y están también los que no nos quieren en los edificios en la cuadra o en el barrio y muchas otras barbaridades que todavía hoy en día tenemos que seguir aguantando con casi 7000 infectados por día y la gente que todavía no se da cuenta del momento crítico en el cual se vive, pero bueno seguirá siendo problema de cada uno… pero después que no llore ni patalee por que ya perdió su derecho.
En todo este contexto muy triste y sin futuro prometedor se abrió mucho más las actividades y los médicos solo podemos atinar a mirarnos entre nosotros sin entender realmente en qué cabeza cabe tanta estupidez… y no logramos todavía entenderlo….
Pero bueno… continuamos sobreviviendo…
El día sábado 18/07/20 me encontraba en mi domicilio jugando con mi hija Josefina de 5 años y mi pequeña perrita Juliana de 4 meses cuando comencé con mucha tos… avise a mi mujer Lorena que se encontraba trabajando en ese momento y ya estábamos esperando lo peor… al correr un par de horas ya comencé con fiebre, y la peor imagen la tenía enfrente, las caritas de mi hija y mi mujer… llamamos a OSDE y después de intentar una hora me atienden y me dicen que no tienen ambulancias ya que está todo colapsado que si puedo ir por mis medios, cada vez me sentía peor mucha tos, fiebre y mialgias, pero lo peor eran las miradas, no puedo sacármelas de la cabeza, no poder acercarme, no poder darles un último beso, un abrazo, una caricia, y mis padres y hermanas… a mil km de distancia, mis amigos, solo… mas solo no podía sentirme, las miré un instante más… mi mujer lloraba, por suerte mi hija pensaba que iba a otra guardia más, me moria de ganas a arrastrarme hasta ella y besarla hasta que pase la pandemia, pero no… observe las cosas más sencillas como para dejármelas grabadas en la retina, arranque el auto y me fui rumbo quien sabe si seria mi último viaje…
Ya a esa altura tenía miedo de que me pasara algo en el camino al sanatorio, me concentre en respirar profundo y concentrarme en manejar pero no podía sacarme la imagen de Josefina de mi cabeza y rezaba, y lloraba, y no podía parar de llorar, todo el miedo, todas las frustraciones, todas las falencias lamentables de los que nos dirigen que nos dictan sentencia, el odio en ese momento no tenía lugar por suerte, solo la tristeza y la desazón cubrían mi entendimiento… llegue, me controlaron me hisoparon, cada vez me sentía peor, tomografía, cada vez me sentía peor llegue a las 19 hs y recién me consiguieron cama a las 03 hs y me internaron, lo único que quería era una cama.
Mi vida me pasaba por delante, la incertidumbre, los miedos me envolvían mucho más, algunas tonterías ya lo había arreglado antes, le dije a mi mujer, todas las contraseñas de los homebanking, los mails, los ahorros, los seguros de vida, todo ya lo tenía ordenado desde que comenzó esta pandemia, pero no eran cuestiones que llenaban mi cabeza en ese momento, me invadía la soledad extrema…
Es indescriptible no poder estar con alguien cercano, algún contacto estrecho pero familiar, algo… la tristeza me invadía…
Puse un dibujo que me hizo mi hija en la mesa y fue peor me arrodillé y me puse a llorar. Suena el teléfono y es mi mujer que me dice que ella y la nena estaban con fiebre…
el mundo se me paralizó…
Pensé y pensé y pensé pero no había escapatoria por ni un lado, es la peor de las pesadillas, que como fue o quien o cuando pasa a otro plano que ya no interesa, la vida de mi familia estaba a la deriva, y yo me sentía que ni siquiera podía tomar decisiones o hacer algo, solo esperar.
Se hisoparon, y eran positivas, en ese momento le pedí a Dios que me llevara a mi pero que por favor dejara vivir a mi hija, mi mujer y yo estábamos destrozados…
Qué haríamos? Nadie puede estar con nosotros? Y si nos complicamos ambos qué pasaría con mi hija? Tantas preguntas sin ninguna respuesta…
los días se me hicieron eternos pero por lo menos ellas dos estaban muy bien, solo habían tenido algún registro febril, yo no veía la hora de que empiece a ceder la fiebre, gracias a dios no tuve falta de aire salvo al ingreso y por un momento, dios nos daba una luz de esperanza a los tres.
Eh pasado en toda mi vida por momentos o puntos de quiebre importantes a nivel personal, pero solo absolutamente solo la mayoría de las veces, este momento era distinto, no habían decisiones, el destino las estaba tomando por nosotros, y así se lo dejamos, pues llegó el día en que los médicos me dejaron seguir la convalecencia en mi domicilio ya que los tres éramos positivos, cuando volví mi mujer me abrazo llorando, mi hija saltando me abrazo, yo me sentía débil todavía, pero estaba en casa y el mundo seguía y la tierra giraba, y las familias seguían lejísimos pero nosotros nos teníamos a los tres y lo único que me da fuerzas y más fuerzas es verlas que están bien y seguir esperando minuto a minuto hora tras hora día tras día a qué se termine nuestra convalecencia sin secuelas, salvo las que ya teníamos y veníamos acarreando cómo es el aislamiento maldito aislamiento maldita enfermedad, y ahora solo a esperar que sanen las heridas de esta guerra que no se termina por que después tenemos que volver al campo de batalla con las mismas falencias que antes las mismas mentiras, los heridos seguimos volviendo a nuestras casas sin aplausos, sin nadie que nos reciba, sin nadie que nos de una palmada en los hombros, sin nadie que pondere nuestro trabajo que expone nuestras vidas y la de las personas que amamos y que además nos da mucha rabia cuando los vemos que se sacan fotos haciendo vida común en todos lados sin pensar en los que están muriendo para salvar sus vidas luego eso es imperdonable… y la gente sigue sin entenderlo todavía luego de tantos y tantos meses… por momentos no se si dejar la medicina… se tornó algo sin ningún tipo de retribución, ni siquiera por el amor recíproco que uno recibe la mayoría de las veces, el problema son solo algunas personas esas que te insultan te degradan cuando ya es tarde y siguen sin entender, no quiero exponer más a mi familia, no quiero arriesgarme por personas que no valen que me menosprecian me insultan me atacan me amenazan… ya nunca más… mis paradigmas cambiaron y mi enfoque también.
Que tengan una buena vida y que pasen esta endemia lo mejor que su raciocinio les de. Live an let die


