El tremendo hecho ocurrió recientemente en la localidad de Monte Caseros. La víctima, quien tiene 77 años, sufrió una lesión en el cuerpo. Por el apuro, los malvivientes no pudieron llevarse dinero, aunque sí un anillo de oro que estaba sobre un mueble.

Una mu­jer de 77 años, re­cien­te­men­te, vi­vió ten­sos mo­men­tos en su do­mi­ci­lio de la ciu­dad de Mon­te Ca­se­ros, cuan­do una pa­re­ja de la­dro­nes in­gre­só a la fuer­za al in­mue­ble en el que ha­bi­ta y lue­go de ame­na­zar y mal­tra­tar­la, se fue­ron del si­tio con un ani­llo de oro.

Se­gún in­di­có la mu­jer al me­dio lo­cal AVC pro­duc­cio­nes, to­do ocu­rrió en ho­ras de la tar­de, en la ca­sa ubi­ca­da por ca­lle Ita­lia al 700. Asi­mis­mo, se sos­tu­vo que el epi­so­dio ter­mi­nó con la de­mo­ra de sos­pe­cho­sos, aun­que no se de­ta­lló la can­ti­dad.

Lo cier­to es que la se­ño­ra in­di­có que, si bien fue­ron dos su­je­tos quie­nes “in­va­die­ron” su in­mue­ble, es­tos con­ta­ban con un cóm­pli­ce, que es­pe­ra­ba afue­ra, con la in­ten­ción de aler­tar­los si de­bí­an fu­gar­se.

To­do ocu­rrió al­re­de­dor de las 19. La se­ño­ra con­tó que pri­me­ro to­ca­ron a su puer­ta. Al acer­car­se, vio que ha­bía dos su­je­tos con el ros­tro cu­bier­to.

“U­no te­nía una re­me­ra de man­gas cor­tas y usa­ba ojo­tas. Ha­bía un mu­cha­cho al­to, que cal­cu­lo ha­brá te­ni­do 28 años, y otro mo­ro­cho”, con­tó la se­ño­ra.

Con res­pec­to a es­te se­gun­do su­je­to, in­di­có que pien­sa que po­día tra­tar­se de un ado­les­cen­te y que, de los dos, era el mas vio­len­to. “Es­ta­ba muy al­te­ra­do, co­mo dro­ga­do”, in­di­có la mu­jer.

“Me pa­re­ció que a uno lo co­no­cí­a, y por eso abrí la puer­ta”, sos­tu­vo la sep­tua­ge­na­ria, quien in­di­có que ape­nas hi­zo es­to, los su­je­tos qui­sie­ron avan­zar pa­ra en­trar a la ca­sa.

Si bien la po­bre mu­jer in­ten­tó vol­ver a ce­rrar la puer­ta, na­da pu­do ha­cer pa­ra evi­tar el in­gre­so de los mal­vi­vien­tes.

El bue­no y el ma­lo

La víc­ti­ma di­jo que uno era “mas bue­ni­to” (sic) y le de­cía que no iba a de­jar que su cóm­pli­ce la las­ti­me. En tan­to el otro, la ame­na­za­ba con que iba a “rom­per mis bra­zos”.

La dam­ni­fi­ca­da re­cor­dó que, tras in­gre­sar, los la­dro­nes la ti­ra­ron so­bre unas bol­sas de ce­men­to que es­ta­ban api­la­das en la vi­vien­da, ya que allí se re­a­li­za­ban re­for­mas edi­li­cias.

Es así que, uno la sos­te­nía mien­tras que el otro em­pe­zó a re­co­rrer dis­tin­tos pun­tos de la ca­sa, con la in­ten­ción de en­con­trar di­ne­ro.

Se­gún re­cor­dó la mu­jer, en su ha­bi­ta­ción te­nía efec­ti­vo, pe­ro el la­drón no pu­do en­con­trar­lo de­bi­do a que es­ta­ba ocul­to en­tre ro­pas y, que al re­vol­ver­las, no se per­ca­tó de que allí es­ta­ba el efec­ti­vo.

“Lue­go de que pa­só to­do, una de las po­li­cí­as me di­jo que vio el di­ne­ro en­tre mi ro­pa”, sos­tu­vo.

Así es que los la­dro­nes se fue­ron con las ma­nos prác­ti­ca­men­te va­cí­as; aun­que pu­die­ron lle­var­se un ani­llo de oro con las ini­cia­les de la mu­jer que se en­con­tra­ba so­bre un mue­ble.

En es­ta se­cuen­cia, un ve­ci­no de la víc­ti­ma ha­bría ad­ver­ti­do lo ocu­rri­do y tu­vo un bre­ve en­fren­ta­mien­to con los mal­vi­vien­tes.
Por otro la­do, una mu­jer que vi­ve cer­ca de la ca­sa de la dam­ni­fi­ca­da lo­gró lla­mar a la Po­li­cí­a, por lo que al po­co tiem­po se pre­sen­ta­ron dis­tin­tos agen­tes.

Al res­pec­to, se in­di­có que fue­ron de­mo­ra­dos sos­pe­cho­sos de ha­ber co­me­ti­do el tre­men­do asal­to.

Por otro la­do, si bien la se­ño­ra no fue gol­pe­a­da por los mal­he­cho­res, al ser arro­ja­da al sue­lo, se ha­bría le­sio­na­do.

“El mé­di­co me di­jo que ten­go una cos­ti­lla fi­su­ra­da”, in­di­có la mu­jer, quien di­jo que re­si­de en el ba­rrio des­de ha­ce 40 años y que se tra­tó del pri­mer he­cho de es­ta na­tu­ra­le­za que pro­ta­go­ni­zó allí.

Fuente: Diario época

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