La cuarentena puede generar efectos psicológicos negativos, incluidos síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo.

En sintonía con lo que pasa en varios países del mundo, desde hoy los argentinos nos encontramos en una situación de aislamiento, debido al incremento de casos de coronavirus en el país y en el planeta.

Según un amplio estudio publicado esta semana por al prestigiosa revista médica de The Lancet, la mayoría de los casos revisados de personas que transitan una cuarentena registraron efectos psicológicos negativos, incluidos síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo.

“Hicimos una revisión del impacto psicológico de la cuarentena utilizando tres bases de datos electrónicas. De 3166 documentos encontrados, 24 están incluidos en esta revisión. Los factores estresantes incluyeron una mayor duración de la cuarentena, temores de infección, frustración, aburrimiento, suministros inadecuados, información inadecuada, pérdidas financieras y estigma”, explican los investigadores.

Y amplían: “Algunos investigadores han sugerido efectos duraderos. En situaciones donde la cuarentena se considera necesaria, los funcionarios deben aplicarla a las personas por un tiempo no mayor al requerido, proporcionar una justificación clara para la misma e información sobre los protocolos, y garantizar que se proporcionen suministros suficientes. Apelar al altruismo recordando al público sobre los beneficios de la cuarentena para la sociedad en general puede ser favorable”.

Según recuerda The Lancet, la cuarentena es la separación y restricción del movimiento de personas que potencialmente han estado expuestas a una enfermedad contagiosa para determinar si se sienten mal, lo que reduce el riesgo de que infecten a otros. Esta definición difiere del aislamiento, que es la separación de las personas que han sido diagnosticadas con una enfermedad contagiosa de las personas que no están enfermas; sin embargo, los dos términos a menudo se usan indistintamente, especialmente en la comunicación con el público

La palabra cuarentena se usó por primera vez en Venecia, Italia en 1127 con respecto a la lepra y se usó ampliamente en respuesta a la Peste Negra, aunque no fue sino hasta 300 años después que el Reino Unido comenzó a imponer la cuarentena en respuesta a la peste.

Ahora, la cuarentena se extiende por el mundo debido al brote de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19).

Hay precedentes para tales medidas. Las cuarentenas en toda la ciudad también se impusieron en áreas de China y Canadá durante el brote de 2003 del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), mientras que aldeas enteras en muchos países de África occidental se pusieron en cuarentena durante el brote de ébola de 2014.

¿Qué sensaciones padecemos durante una cuarentena?

La cuarentena suele ser una experiencia desagradable para quienes la padecen. La separación de los seres queridos, la pérdida de libertad, la incertidumbre sobre el estado de la enfermedad y el aburrimiento pueden, en ocasiones, crear efectos dramáticos.

El estado de confinamiento también es complicado para quienes están bajo cuarentena por haber dado positivo en coronavirus, o tener síntomas, lo que les obliga a aislarse de sus familiares incluso en su propia casa.

Además de la soledad del aislamiento, se une la preocupación por el propio estado de salud y en ese caso se recomienda mantener el contacto por vía telefónica o telemática, comunicar lo que les ocurre e intentar evitar pensamientos recurrentes.

Para quienes están en su casa, la recomendación general es establecer una rutina con espacio para el ocio y el ejercicio; informarse por canales oficiales y no sobreexponerse a las noticias sobre el coronavirus. También se recomienda mantener el contacto con familia y amigos, por teléfono o por internet, procurando que el tema de coronavirus no sea exclusivo y se toquen otras temáticas.

El Consejo Consultivo de la Licenciatura en Psicología de Fundación UADE explicó que tenemos la gran ventaja respecto de otras epidemias del pasado, de contar con una interconectividad a través de Internet y telefonía celular que nos protege en caso de aislamiento. Es importante permanecer conectados a través de redes sociales. Los vínculos, aunque sean virtuales son el gran amortiguador del estrés.

“Los cambios sociales que llevan a suspender eventos, a cancelar viajes o a tomar distancia física en el contacto con los otros son medidas de prevención pasajeras. El miedo paraliza, el caos confunde, la incertidumbre provoca ansiedad y angustia, la información calma, la solidaridad tranquiliza”, completaron.

La salud puede ser un escenario que provoca ansiedad, dice Catherine Belling, profesora asociada de educación médica en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad de Northwestern en el estado de Illinois, quien escribió un libro de 2012 sobre hipocondría (ahora médicamente conocido como trastorno de ansiedad por enfermedad). “Nuestros cuerpos son increíblemente íntimos pero dependemos de los médicos para que nos digan qué sucede dentro de nosotros”, sostiene.

La preocupación por COVID-19 no se ajusta exactamente a la factura del trastorno de ansiedad por enfermedad, asegura Belling. Las personas con tendencias tradicionalmente hipocondríacas generalmente tienen ansiedad generalizada por enfermedades y síntomas, en lugar de por una enfermedad en particular. La condición también se caracteriza por una preocupación excesiva o irracional, y Belling dice que se justifica cierta preocupación por el coronavirus. “Es completamente racional estar ansioso, porque no estamos seguros de cómo se desarrollará”, explica.

“El miedo es el virus más grave que puede afectar a los seres humanos. Hace que entremos en pánico y tomemos actitudes irracionales como discriminar a los demás, desarrollar una ansiedad grave y en algunos casos causar depresión y perder la habilidad para reinventar y responder inteligentemente en situaciones estresantes. Debemos tomar todas las medidas recomendadas para la prevención y además, trabajar en nuestras herramientas de gestión de emociones para prevenir que nuestra salud psíquica sea infectada por nuestros miedos, desesperaciones y ansiedades”, explicó en diálogo con Infobae en una entrevista el reconocido psiquiatra, investigador y escritor Augusto Cury, autor de Ansiedad, cómo enfrentar el mal del siglo.

Situaciones de alerta sanitaria

Pero, ¿qué sucede a nivel cerebral en situaciones de alerta sanitaria como la que ocurre con el coronavirus? El licenciado en Psicología Fernando Torrente (MN 27844) explicó a Infobae que “en situaciones como las que presenta la epidemia del coronavirus, se activan los sistemas del cerebro que tienen que ver con el manejo y respuesta frente al peligro y la situación de incertidumbre”.

“Por un lado, las respuestas del peligro se relacionan con los sistemas de la ansiedad. La ansiedad es una emoción que nos prepara para manejar de forma anticipada los peligros. Está muy ligada al miedo, pero reacciona antes de que el peligro esté presente de manera inminente -señaló el director del Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas de Fundación Ineco-. Por otro lado, frente a la incertidumbre, nuestra mente busca determinados procedimientos o mecanismos para situarse frente a esa falta de información correcta sobre lo que puede pasar”.

La licenciada en Psicología Lorena Ruda, afirmó a Infobae que el tema del coronavirus se debe afrontar como cualquier psicosis alrededor de una enfermedad, hoy calificada como pandemia, “bajando la ansiedad y evitando hablar de ello en detalle con los más chicos”.

“Los niños no tendrían que tener acceso a esa información. Yo siempre digo que los chicos no deberían escuchar los noticieros, porque las fantasías que luego crean sobre un tema convierten esa noticia, que puede ser un homicidio, un robo o un accidente de tránsito, por ejemplo, en un problema y angustia mayor. No hay que ser amarillista con los niños. No queremos chicos paranoicos que no quieran salir a la calle”, enfatizó la experta, especializada en crianza.

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