Irán ha bombardeado con misiles balísticos al menos dos bases militares que Estados Unidos mantiene en Irak y la Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el ataque instantes después de que se produjera, a través de sus medios oficiales y amenazando con «respuestas contundentes en caso de nuevas agresiones». «La venganza ha comenzado», se anunció. Desde que el jueves pasado ordenara matar al general iraní Qassem Suleimani en un bombardeo aéreo en Bagdad, Donald Trump había advertido a la República Islámica en contra de respuestas como la que se produjo en la noche de este martes.

Un vocero del Pentágono confirmó que los blancos fueron dos bases en Irak, Al-Assad e Erbil, donde viven fuerzas militares de Estados Unidos y la coalición internacional que combate a Estado Islámico, sin indicar si hubo o no víctimas.

La base Al Assad fue utilizada por las tropas de Estados Unidos por primera vez luego de la invasión de 2003, ordenada por el presidente George W. Bush, en la que fue derrocado el dictador Saddam Hussein. Posteriormente, soldados estadounidenses volvieron allí para combatir al grupo Estado Islámico en Irak y Siria.
Según un comunicado del Pentágono, «las bases atacadas están en alerta máxima desde hacía días y el personal estaba avisado y protegido en previsión de posibles ataques». La otra base está en Erbil, al norte del país.

El ataque contra la base de EE.UU. llegó el mismo día que Alemania anunció la retirada de parte de sus tropas de Irak y que el Reino Unido, según el diario «The Times», finalizara sus planes para evacuar a sus militares y civiles del territorio.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamkhani, había afirmado previamente que el país musulmán estaba barajando trece «escenarios de venganza» como castigo por el asesinato de Suleimani, informa la agencia Reuters. «Los americanos deberían saber que se están debatiendo hasta 13 escenarios de venganza en el Consejo, y que hay consenso de que incluso el escenario más leve sería una pesadilla para los americanos», afirmó. Por su parte, el líder supremo de Irán, el Ayatolá Ali Jamenei, ordenó que las represalias contra EE.UU. fueran emprendidas por las tropas iraníes, lo que supone un cambio fundamental en la estrategia de enfrentamiento de la República Islámica, que suele apostar por guerras subsidiarias.

Esta nueva dramática escalada en Medio Oriente, es en represalia por el asesinato del general Qassem Soleimani, y constituye la agresión más significativa de la nación árabe en el histórico enfrentamiento entre ambos países.

“La feroz venganza de los Guardias Revolucionarios ha comenzado”, dijo el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán en un comunicado difundido en Telegram, según informó el periódico The New York Times. El ataque ocurrió apenas horas después del funeral de Soleimani, el jerarca militar más importante y una figura venerada en el país, cuya muerte llevó a millones de personas a las calles.

Horas antes del ataque, Trump y sus funcionarios habían intentado descomprimir la tensión con Irán y atenuar la respuesta militar de Teherán al asesinato de Soleimani, al insistir en que querían evitar una guerra y abrir una negociación para llegar a una solución diplomática que ayude a resolver la última crisis en Medio Oriente, aunque sin dejar de lado las advertencias y la dura retórica de los últimos meses.

“No buscamos guerra con Irán, pero estamos listos para acabar con una”, había dicho ayer el secretario de Defensa, Mark Esper, en una conferencia de prensa en el Pentágono. “Buscamos una solución diplomática, pero primero esto requiere que Irán desescale”, agregó.

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