“Primero nos matan, ahora nos gasifican. Nos tratan como perros”, gritaba una mujer en medio de una nueva manifestación que fue reprimida por las fuerzas de seguridad de ese país.

Los ataúdes en medio de la calle, mientras familiares y amigos de los difuntos corren para escapar de los gases lacrimógenos de los policías, quedarán como una de las imágenes más tristes de la larga crisis que sufre

Bolivia: aumentan a 32 los muertos en las protestas y el Congreso evalúa convocar a nuevas elecciones
Miles de personas corrían despavoridas en pleno centro de La Paz tras haber llegado pacíficamente este jueves en una marcha de protesta, con los féretros con los restos mortales de varios de los fallecidos por disparos en un operativo policial y militar.

Algunos de los ataúdes acabó sobre un blindado del ejército cerca del palacio de Gobierno de la autoproclamada presidenta interina Jeanine Áñez.

Triste final a una marcha en paz

La marcha había salido por la mañana desde Senkata, el lugar de la ciudad de El Alto donde hace dos días un operativo de fuerzas del orden frente a una refinería dejó ocho muertos por disparos.

La bajada de una interminable columna de gente desde El Alto a la vecina La Paz transcurría tranquila, sin que nada hiciera augurar su final.

Frente a la iglesia de San Francisco, icono del centro paceño, la muchedumbre se comenzaba a agolpar frente a un cordón policial sin saber qué pasaba, hasta que alguna chispa hizo estallar el ambiente y comenzaron los gases, las carreras y las dolorosas escenas.

Familiares, amigos y compañeros que llevaban los féretros no tuvieron más remedio que dejarlos en medio de la calle para refugiarse donde podían, muchos pidiendo ayuda a las puertas de la iglesia por los efectos de los gases.

Precisamente, Jeanine Añez envió en la noche del jueves un mensaje al pueblo boliviano en el que lamentó las muertes, dos días después de que los ocho fallecidos por disparos elevaran a 32 los muertos en más de un mes de conflicto. “Nos duelen, porque somos un Gobierno de paz”, dijo la jefa de Estado interina.

¿Hacia la normalidad?

Episodios como la dispersión con gases de la marcha pacífica llegada de El Alto empañan el futuro de un país en el que los actores políticos llaman a la paz desde hace días. Llamados que salen tanto del Gobierno provisional como del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales.

Esta jornada siguieron en trámite en el Parlamento las leyes de urgencia para acelerar el camino a unas nuevas elecciones, que unos y otros esperan que traiga de verdad esa paz.

El que fuera vicepresidente de Morales durante todos sus gobiernos, Álvaro García Linera, aseguró en una entrevista con Efe desde México que ninguno de ellos concurrirá a esas elecciones.

Bolivia lleva sumida en un grave conflicto desde que el día después de esas elecciones, cuando comenzaron las denuncias de fraude a favor de Evo Morales, que fue proclamado después vencedor para un cuarto mandato consecutivo.

El 10 de noviembre la Organización de Estados Americanos (OEA) advirtió en un informe graves irregularidades en los comicios y Morales anunció su renuncia, presionado por los militares, para al día siguiente salir asilado hacia México.

La renuncia de Morales es calificada de “golpe de Estado” por varios Gobiernos y políticos latinoamericanos, mientras que otros países han reconocido al Ejecutivo interino de Áñez y parte de la comunidad internacional ha instado al diálogo sin pronunciarse sobre la crisis política.

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