Los cinco chicos y dos adultos que iban a bordo quedaron flotando durante ocho horas en el río Uuruguay, aferrados a una heladerita para no hundirse.

“Parecíamos el Titanic: rezamos y pataleamos durante horas para llegar a la orilla”, contó Leonardo Versalli, cuyo catamarán se hundió el domingo en el río Uruguay, cerca de Federación en Entre Ríos, cuando estaba con un amigo e hijos.

Todo comenzó el domingo por la tarde, cuando Leonardo Versalli, sus mellizos Máximo y Lorenzo, de 7 años; su hija Bárbara, de 10; y su amigo Cristian, conocido como “Pingüino”, junto a sus dos hijos, Jano (10) y Fiama (14), volvían tras disfrutar de un día recreativo en la playa entrerriana de Santa Ana.

“De repente sentimos un golpe. A veces es normal cuando uno va navegando por el tema de las olas, lo que no es habitual es que se te vaya de catamarán de lado. Empezamos a sacar agua, más de lo normal, ahí le dije a mi amigo que me parecía que paso algo raro porque entraba mucha agua”, relató.

Fue entonces que llamaron al 106, número de Prefectura. La hora pactada de la partida era entre las 19,30 y 20, con un recorrido de ocho kilómetros, que los llevaría a su destino en el puerto Federación. Sin embargo, el río los traicionó a la altura del kilómetro 387,6 con una profundidad de entre 20 y 25 metros.

“Cuando el barco se hundió de costado, nos tiramos todos al agua con los chalecos salvavidas. Durante 30 minutos pudimos permanecer en el flotador que seguía en pie hasta que se sumergió por completo. Pero cuando se hundió la cola, emergió la conservadora que mi amigo logró sacar entre las barandas. La vaciamos y la mantuvimos boca abajo mientras sosteníamos la tapa para que no se saliera. Nos resultó de gran ayuda. Todos nos prendimos ahí mientras en el fondo pensaba ‘que sea lo que Dios quiera’”, relató a los colegas de Cadena 3.

El primer llamado a Prefectura fue a las 20,30, por un problema de máquinas. El segundo, a las 21, con un pedido de auxilio porque la embarcación se estaba hundiendo. Inmediatamente activaron el protocolo de búsqueda y rescate, donde participaron unas 20 personas.

“Rezamos invocando al ángel de la guarda, cantamos, narramos cuentos, contamos las estrellas y pataleamos durante casi 8 horas para intentar llegar a la orilla. Parecíamos el Titanic”, aseguró Leonardo.

Finalmente la ayuda llegó: “Estaban a 1.000 metros de la orilla, 20 minutos del puerto Federación, pero el oleaje y la corriente les impedía llegar. Tuvimos que apagar los motores del barco para escuchar los gritos de auxilio”, dijo Hugo Alegre, prefecto Jefe en Federación.

En tierra recibieron los primeros auxilios. “Los padres estaban acalambrados y los menores presentaban un leve cuadro de deshidratación por el esfuerzo físico”, puntualizó Alegre.

Leonardo recuerda la anécdota con tranquilidad y humor. Ahora planifica con su familia cómo sacara el catamarán del agua. “La próxima voy a llevar una heladerita más grande”, bromeó.

fuente:Telefenoticias

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